Entrevista Raquel Winnica Young, cantante e intérprete en “Bajo un mismo cielo” de Etty Hillesum

Raquel Winnica Young
Raquel Winnica Young

Hemos entrevistado a Raquel Winnica Young en el marco de un recital profundamente conmovedor, “Bajo un mismo Cielo” canciones en ídish que dialogan con los textos y el legado espiritual de Etty Hillesum. Raquel Winnica, mezzo-soprano y directora de escena, acompañada por Federico Lechner al piano.

Raquel Winnica y Federico Lechner
Raquel Winnica y Federico Lechner

Raquel Winnica, cantante e intérprete con una extensa trayectoria, nos ofrece un recital que entrelaza memoria, identidad y la fortaleza del espíritu humano.

El recital se inspira en la figura de Etty Hillesum, joven escritora judía nacida en los Países Bajos en 1914. Durante la ocupación nazi escribió diarios y cartas que se convertirían en uno de los testimonios espirituales más impactantes del siglo XX. En medio de la persecución y la violencia, trabajando de forma voluntaria en el campo de trabajo de Westerbork, Etty desarrolló una profunda vida interior, una mirada compasiva sobre el ser humano y una fe radical en la dignidad de la vida. Fue asesinada en Auschwitz en 1943, pero sus escritos, publicados años después, continúan conmoviendo por su honestidad, su lucidez y su esperanza a pesar de todo.

Anna: ¿Cómo llegaste a conocer a Etty Hillesum y sus textos?

Raquel: El contexto de mi encuentro con Etty fue el doctorado de creación musical que estoy haciendo en Aveiro, Portugal, donde mi proyecto original para la parte práctica del doctorado tenía que ver con el tiempo y la música barroca. Mi colaboradora artística para el proyecto es María, que vive en Madrid, y al terminar una de las reuniones con ella, me muestra un libro que está leyendo, la obra completa de Etty Hillesum, cartas y diarios de una mujer que murió en Auschwitz. Al oír a María decir eso, era como recibir un golpe en la cabeza.

Yo soy judía, nací en Argentina. Mis padres son polacos que escaparon durante la época entre guerras. La Shoá es un tema profundo en mi familia y siempre me ha interesado leer sobre el tema.

En cuanto terminó esa reunión me puse a buscar y conseguí las obras completas en inglés. Como tenía siempre la mala costumbre de leer primero el final de los libros, leí la última carta. No sé explicar lo que sentí en ese momento, fue como un flechazo muy profundo. Empecé a leer todas las cartas y después de dos semanas le dije a María que cambio de tema de tesis doctoral, que mi tema es Etty. El resto de colaboradores me vieron hablar con tal pasión y aceptaron el cambio con gusto.

Además de leer su obra quise conocer los lugares en los cuales vivió y anduvo, así que me puse en contacto con el museo dedicado a ella en su ciudad natal, Middelburg. Viajé y las cosas empezaron a salir.

A: Entonces decidiste dedicar tu proyecto a Etty Hillesum, pero incluyendo la música, tu medio de expresión personal.

R: Exactamente, y mientras iba a conocer a esos lugares empecé a pensar en incorporar música judeo-ashkenazí, un repertorio que yo ya conocía parcialmente. Cuando iba leyendo entendí la fuerte relación que tenía Etty con la música. Su hermano era pianista muy reconocido en la época, y ya cuando conoce a Julius Spier, quien será su mentor y quien la empujó a escribir mucho más en serio, entra en un entorno cultural importante y con mucha música clásica. Ella escribe sobre Bach y Beethoven y la sensación de paz que le da escuchar esa música.

No hay ningún registro de su voz, pero las amigas que escribieron sobre ella decían que tenía una voz profunda y sensual, que hablaba de forma afectuosa pero firme y graciosa.

Las cartas de Etty hablan por sí mismas, pero lo que me sorprendió es que había unas dimensiones sonoras claras que salen de ellas. Fui al Archivo Etz Chaim en Amsterdam y ahí vi melodías judías del siglo 19, y ese fue el punto de partida musical.

Al principio nadie quería publicar sus textos, la consideraban naíf, egocéntrica, fuera de la realidad. Pero para mí, cuando ella escribe “salimos del campo cantando”, no es una risa en medio del terror, sino un acto de liberación y de rebeldía, porque la música tiene un espacio de mucha profundidad. Es una de las cosas que a mí me subyuga de Hillesum, las distintas dimensiones que tienen sus textos. Ella no escribía desde una sabiduría académica, sino siendo una mujer con los pies llenos de ampollas por trabajar en el campo.

Etty Hillesum
Etty Hillesum

A: ¿A quién iban destinadas sus cartas?

R: Cuando ella se va de su casa, empieza un recorrido de estudiante europea en distintos lugares, y le escribe a su círculo de amigos. Por un lado, conoció a personas como Julius Spier, discípulo de Carl Jung y practicante de la quiromancia, y por otro consigue un trabajo como ama de llaves en casa de Hans Wegerif, que en distintos momentos ambos se convertirán en sus amantes, era una mujer con mucha pasión. Ella tenía muchos círculos intelectuales, que al estallar la guerra le decían que la podían salvar, enviar a algún lugar seguro, pero ella se negó.

A: Es impactante saber que ella tenía la forma de escapar del destino de los judíos de Europa y no sólo que no lo aprovechó, sino que fue a un campo de trabajo como voluntaria.

R: Sí, al campo de trabajo de Westerbork y cada vez que salía de ahí volvía a ir y ayudaba de todas las formas posibles, empezando por escuchar a la gente y dar consejos. Ella contó que se iba fascinando por el alma humana.

Ella ayudaba a los que venían. Ayudaba a los que no tenían fuera para llegar de un lugar a otro. Trabajaba en el hospital y era como una consejera espiritual. También utilizaba su propia sexualidad para ayudar a otros y a ella misma liberar todas las tensiones que se generan, pero no como algo negativo, es algo que ella comenta en las cartas.

Poco a poco la vida en el campo se hacía más y más dura, algunos morían o fueron castigados y Etty llevaba cartas de la gente de ese lado del campo, que era más duro, a sus familiares del otro lado. Cuando yo visité ese campo me impactó mucho la vida que hay ahí de la naturaleza, pues uno se imagina un lugar oscuro, y ahí me senté bajo un árbol procesando el espacio, cerca de donde en su momento había un hospital en el cual ella trabajaba. Sabemos que los alemanes destruyeron todo lo que podían al retirarse de los campos, dejándolo como si no pasara nada ahí, y es muy fuerte verlo.

En algún momento Etty empieza a tener problemas de salud y vuelve a veces a Ámsterdam, pero en cuanto se recuperaba, volvía al campo. Luego enviaron a sus padres ahí y a su hermano, que estaba en la resistencia a otro campo, y desde ese punto ya no se ha querido mover del campo.

A: Las canciones en el recital “Bajo un mismo Cielo” son en ídish, ¿es un idioma que tú conoces de tu casa?

R: Sí, el ídish era un idioma de mi infancia. Yo de niña ya cantaba la primera canción del recital, Oyfen Pripetchik, y mi papá lloraba cuando me escuchaba. Esta canción que me ha acompañado toda mi vida, es como un himno, es nuestra base. Yo no hablaba ídish, pero oíamos a mis padres y mi abuela hablarlo.

En el recital hay algunas canciones de teatro, que yo ya había cantado hace años en otro contexto. Otras son canciones de guetos, que eran nuevas para mí. Y por último hay una canción con música de Bach, que Etty nombra en las cartas, que una amiga suya cantó en el funeral de Julius Spier. La parte del ídish no tenía nada que ver con Etty, pero yo quería unir esto que es tan mío con sus textos. Ese fue mi proyecto, este diálogo.

Una de las canciones es “Tango de Auschwitz”, que es donde mataron a Etty. Eso me llevó a investigar las canciones de guetos y Federico Lechner y yo hicimos nuestros propios arreglos. Todo ese trabajo de investigación sobre las canciones y darles nuestra interpretación, eso para mí tenía la misma respiración que las cartas de Etty. Así estaba yo en paralelo eligiendo canciones, mientras subrayaba fragmentos de sus textos.

Eso tomó su tiempo entre otras cosas, porque los textos, son muy hermosos, pero son duros, y al estar leyendo y releyendo eso, a veces acababa llorando y tenía que parar. Cuando empecé a practicar la lectura de los textos en voz alta, a veces me emocionaba al decirlos, pero tuve que detenerme y controlarme porque es la voz de Etty, y es una voz con esperanza y no me puedo permitir ponerme a mí primero, yo tengo que ser sólo el canal para transmitir sus palabras.

A: Mientras estamos conversando, estamos viviendo tiempos de Guerra en Israel y tiempos muy duros para el pueblo judío. ¿Cómo influyeron estos últimos años en tu trabajo?

R: Varios aspectos de mi vida se combinaron. Yo ya estaba haciendo el doctorado en Portugal, trabajando constantemente en creaciones artísticas, cuando, después de 18 años, me entregan el pasaporte polaco, y eso para mí no fue una casualidad. Justo ahora, yo vuelvo a Europa y obtengo este pasaporte como mujer judía. Cuando inicié del trámite en Argentina me decían algunos que no diga en la embajada polaca que soy judía por si eso hace que no me quieran ayudar. De pronto estoy de este lado y con este pasaporte en la mano, y eso para mí fue el cierre de un círculo en la historia de mi familia. Al mismo tiempo yo ya estaba trabajando con materiales en ídish, y lo que me empieza a salir de adentro tiene una dimensión que ningún otro trabajo mío lo tenía.

Todo esto sucede ya aquí, porque yo llegué desde EEUU con una idea totalmente diferente de proyecto, nada que ver ni con Etty ni el ídish ni con ser judía.

Mientras yo empezaba a trabajar con el ídish artísticamente y a leer a Etty nos pidieron en el doctorado que hagamos trabajos que nos confronten con temáticas internamente difíciles. El tema de ser judía en estos tiempos, eso fue mi temática compleja. Cuando empiezo a leer a Etty, empiezo a sentir mi judaísmo desde otro lugar. Ella tiene una voz en la cual confluyen muchos mundos, y va buscando que nos entendamos los unos a los otros. Yo encontré una respuesta a muchas cosas de mi vida y ella cura esa grieta, esa división interna que yo sentía entre lo judío y lo no judío de mi entorno.

Entonces entendí que hay que traer a Etty al mundo actual, para que ella sea escuchada cuando pregunta ¿por qué no podemos tratar de entendernos un poco mejor los unos a los otros? Sentí que desde mi humilde lugar en las artes puedo hacer algo que va más allá de llevar una voz. Ojalá más gente escuche sus palabras tan sanadoras.

A: Este recital se presentó también en inglés y en otros países ¿cómo ha reaccionado gente no judía?

R: Hemos recibido respuestas muy conmovedoras. En Pittsburg lo hicimos en una iglesia frente a 130 personas, y al acabar había primero un silencio de conmoción, y la gente se quedó más de una hora hablando entre ellos. Siempre se acercan al final las personas, los judíos se emocionan por los recuerdos familiares y los no judíos agradecen por conocer esa música y estos textos, pues las palabras de Etty son universales. Gracias al recital muchos fueron a buscar sus textos para leerlos y una mujer me escribió “Gracias por hacerme pensar que puedo ser mejor.”

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