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Los judíos de Georgia, un mundo aparte dentro del Cáucaso

Gran sinagoga de Kutaisi

Introducción

Desde Marom Connect viajamos al Cáucaso para conocer a los judíos de Georgia o La Comunidad Judía de Georgia (ქართველი ებრაელები, kartveli ebraelebi) es una de las más antiguas de la región del Cáucaso, es decir, es considerada como uno más de los pueblos de la región.  Los estados de Georgia, Armenia y Azerbaiyán están ubicados en el límite entre Europa y Asia, y en mi opinión, esto hizo que sus pueblos desempeñaran roles particulares. Además, la convivencia de pueblos diferentes en Georgia tiene raíces profundas. Los yehudim georgianos han vivido junto a los otros pueblos en Georgia durante 26 siglos como un grupo étnico distinto, una minoría étnica que en Georgia nunca ha sido discriminada ni acosada.

Según muchos historiadores, el pueblo judío de Georgia tiene todas las razones para considerarse indígena del Cáucaso, ya que fue conocido mucho antes que otros pueblos de las montañas. Llegaron a Georgia hace más de 2.600 años, y, por tanto, son uno de los grupos judíos de la diáspora de más larga supervivencia. Ello lo atestigua la principal recopilación de textos históricos georgianos (Kartlis Tskhovreba-Vida de Kartli), fuente extraordinaria para conocer la historia local del pueblo judío de Georgia. Igualmente, evidencias arqueológicas sostienen la antigüedad de la comunidad: al lado de la ciudad de Matzjuta se encontraron lápidas del siglo III de la ec. con inscripciones en hebreo y arameo, según cuenta el historiador y arqueólogo Zurab Bragvadze.

No todos los judíos de Georgia son religiosos y de hecho no existen divisiones entre religiosos y laicos, pero todos coinciden en ser tradicionalistas. En 2016, de las aproximadamente 10.000 personas judías que vivían en Georgia solo 4.000 eran practicantes. El impacto de la cultura georgiana se aprecia claramente en muchas áreas, aunque es igualmente evidente la similitud de las costumbres de las comunidades judías de Georgia con las de las comunidades judías del Kurdistán, de Persia y Turquía; esto demuestra que, a pesar del aislamiento geopolítico de Georgia, los judíos siempre mantuvieron estrechos vínculos con sus hermanos en la fe más próximos. En el contexto multi-religioso de católicos, armenios, cristianos ortodoxos, judíos y musulmanes, las comunidades se adaptaron unas a otras. La cuestión fronteriza, que se ha agudizado ahora en los países del Cáucaso (conflicto entre Armenia y Azerbaiyán), no era aún tan crucial hace un siglo. Los judíos de Georgia, en especial los del sur, pudieron integrarse más activamente en el contexto social y urbano que muchas otras comunidades de la diáspora judía. Quien retrató magníficamente la vida de los mizrahim fue Shalom Koboshvili (Akhaltsikhe,1876-Tbilisi,1941), artista georgiano autodidacta especializado en la pintura de la vida judía georgiana. Esta característica de diversidad de las comunidades judías del sur georgiano -que al igual que de sus vecinos de Armenia mantuvieron su estructura dinámica y abierta-, capaces de aceptar la influencia exterior, es la que diferencia de tantas otras comunidades de la diáspora

Sujuna Sinagoga
Judíos de Georgia: Sinagoga de Sujuna, Georgia. Ⓒ wordljewishtravel.org

Georgia (en georgiano, საქართველო; transliterado, Sakartvelo), país que llegó a tener 250.000 judíos que desarrollaron costumbres peculiares (incluyendo estilos de oración diferentes) y 30 sinagogas activas, cuenta hoy solo con seis que pueden visitarse en las ciudades de Gori, Akhaltsikhe, Kutaisi, Oni y Batumi. La de Oni es la más antigua en funcionamiento y la tercera más grande después de la Grande de Tbilisi y la de Kutaisi (1885). En 2015, celebró una ceremonia por su 120 aniversario donde Micho Benzion -nacido en Oni y matarife ritual que ahora vive en la capital- declaraba: “Es una ocasión agridulce; por un lado, es simbólico de cómo el gobierno nos apoya aquí, en un país prácticamente sin antisemitismo. Por otro lado, es un recordatorio de cómo nuestra sinagoga más antigua, una vez llena de vida, se ha convertido en un monumento”. En Batumi, su sinagoga central, diseñada por el arquitecto Simon Lev Volkovich en 1904, se considera hoy monumento histórico.

Según otras fuentes sólo quedan hoy 3.000 practicantes religiosos, (aproximadamente un tercio de la comunidad).  En la capital Tbilisi, se encuentran también la yeshiva-kollel Ohr Emet, la escuela primaria Tiferet Tsvi y el Instituto de Trabajadores Sociales y el Museo de Historia de los judíos de Georgia y las Relaciones Georgianas-Judías David Baazov (localizado en el Casco Antiguo, en la calle Katalikosi 3). La Universidad Grigol Robakidze de Georgia ha firmado un acuerdo de cooperación con la escuela judía ‘Or Avner’ de FJC que permite a sus estudiantes de alto grado integrarse en estudios académicos mientras asisten a la escuela secundaria. Históricamente multicultural, Tbilisi, con más de un millón de habitantes, es hoy el hogar de más de 100 grupos étnicos: alrededor del 85 % de la población es étnicamente georgiana, con significativas poblaciones de armenios y rusos y pequeñas comunidades de azeríes, kurdos, yezidis, osetios, abjasios, ucranianos, griegos, estonios, alemanes, entre otros….

Lo que también es bien cierto es que los judíos de Georgia han constituido durante mucho tiempo un grupo especial, diferenciado de la otra comunidad judía, la askenazi (que cuenta con su propio templo, la Pequeña Sinagoga). Y en nuestros días esta herencia es notoria incluso en los diferentes ambientes que se respiran en sus dos sinagogas en la capital. De las diecisiete sinagogas de Tbilisi, solo estas dos están actualmente activas. La Gran Sinagoga es un hermoso edificio de ladrillo de arquitectura tradicional erigido entre 1895 y 1903 y ubicado en la calle 45-47 Leselidze, que es la vía principal de la Ciudad Vieja. El ritual en hebreo a veces se completa en idioma georgiano y se enriquece con cánticos polifónicos característicos de Georgia.  En ella viví una de las más bellas, coloridas y alegres celebraciones de la Simjat Torá a las que he asistido nunca, celebrando juntas con regocijo colorista y emocionante personas de orígenes, culturas, idiomas y tradiciones diferentes: ortodoxos, reformistas, sefardíes, israelíes y georgianos. En su patio exterior, cada tarde, mis queridas amigas, un pequeño grupo de ancianas multilingües de orígenes diversos, maravillosas y acogedoras, hacen tertulia, piden limosna y alimentan a la copiosa colonia de gatos que lo habita.

 Me preguntan por la comunidad judía española con mucha curiosidad, amor e interés, pero no quieren ni oír hablar de reformismo, ni de judaísmo liberal, ni de mujeres rabinas que ofician en otras sinagogas de Europa y que aparecen en mi último libro “SACERDOTAS las mujeres oficiantes en las religiones”. En Georgia, el reformismo o el movimiento liberal judío no existen, no hay de este tipo de judíos en Georgia por el momento.

Sinagoga Senaki
Judíos de Georgia: Libros de oraciones, sidurim, en la sinagoga de Senaki, Georgia. Ⓒ https://worldjewishtravel.org

Un poco de historia sobre los judíos de Georgia

Por desgracia, tenemos poca información sobre la vida de los judíos de Georgia en la edad media. Incluso, otras fuentes georgianas informan de la llegada de judíos a Georgia occidental en el siglo VI procedentes de Bizancio, y la posterior migración de 3.000 de ellos desde allí a Georgia oriental. Parece ser que a finales del siglo IX surgió en Georgia una secta judía que negó algunas de las disposiciones del halajá, incluidas las que se referían a prohibiciones sexuales y alimentarias. El fundador de la secta Abu-Imran Musa (Moshé) al-Za’farani llegó a Tiflis desde Babilonia y se hizo conocido como Abu-Imran at-Tiflisi, y la secta existió durante al menos 300 años siendo conocida como ‘secta Tiflis’.

Tras la invasión de Georgia del este por los árabes y el establecimiento del “emirato de Tiflis” (Siglo VII hasta 1122, año de la recuperación de la capital de Georgia por las tropas del rey David IV el reconstructor) se convirtieron en dhimmis, período delicado durante el cual se menciona por primera vez su dialecto, el kivrouli o judeo-georgiano. No hay descripciones detalladas de la vida en la época de la independencia y prosperidad de Georgia (1089-1213).

Lo que si es cierto es que el pueblo judío de Georgia es recordado en crónicas de viajeros medievales. En el siglo XII Rabí Abraham ibn Daud Halevi (Córdoba,1110-Toledo,1180) también conocido como Abraham Ben David de Toledo, RABAD I) nombra a Georgia entre los países donde el judaísmo era rabínico y no caraíta. Este filósofo racionalista e historiador judeoespañol fue famoso por introducir el pensamiento aristotélico dentro de la tradición del judaísmo. Desde su Sefer ha-qabbalah (Libro de la tradición), defendió el judaísmo contra las enseñanzas sectarias de los caraítas, que no aceptaban las enseñanzas de los rabinos, queriendo demostrar que sólo la transmisión de las tradiciones rabínicas significaba el cumplimiento de la Escritura. Marco Polo visito el país en 1272 y escribió: “viven en Tiflis cristianos georgianos y armenios, así como los musulmanes y judíos”. Rabí Benjamín de Tudela (segunda mitad del siglo XII), el viajero judío medieval más importante, en su Libro de viajes citó a los judíos georgianos como aquellos a los que el gobierno gentil permitió que tengan cantor litúrgico y rabino en sus comunidades: “los judíos de Georgia vinieron al exilarca en Babilonia para recibir de él la ordenación y el dominio, y traerle ofrendas y ofrendas”.

En los siglos siguientes, donde se definirá el estatus legal del pueblo judío georgiano, los documentos, cartas y crónicas no contendrán rastros de discriminación religiosa, social, política o de otro tipo contra él. En toda la época feudal hubo ausencia de antagonismo entre judíos y georgianos debido al hecho de su afincamiento en Georgia no después de la adopción del cristianismo, sino que, por el contrario, participaron activamente en su implementación: se consideró a los judíos georgianos como la parte de los judíos que no participó en la crucifixión de Yeshua ben Yosef.

Sin duda, los reinos de Georgia eran tolerantes con sus súbditos musulmanes y judíos. Es interesante notar que hay muchos apellidos georgianos y judíos idénticos, lo que indica la coexistencia centenaria de estos pueblos. Los judíos se establecieron en Georgia en un momento en el que todavía no había apellidos allí y cuando comenzó el proceso de formación de apellidos, fue el mismo que para el resto de georgianos. La posición de los judíos georgianos, tanto desde el punto de vista social como legal, era marcadamente diferente de la de los judíos en otros países. En Georgia no había leyes que infringieran sus derechos: por ley, los amos o esclavos cristianos y judíos eran iguales. Además, el dueño judío podía tener un siervo cristiano (la sociedad de entonces no veía nada humillante en esto), mientras que, en una situación similar en otros países, los judíos eran castigados muy severamente. Partiendo de la naturaleza social y cultural de la sociedad feudal, el siervo judío georgiano, como cualquier otro, representaba la propiedad completa del terrateniente. La justicia feudal georgiana también protegió la propiedad de las tierras de los judíos, así como la propiedad de otros terratenientes georgianos.

Después de las invasiones del país llevadas a cabo por mongoles, turcos y persas, los judíos de Georgia sufrieron los caprichos de las diversas invasiones como las otras poblaciones georgianas. Se asentaron gradualmente cerca del Mar Negro (Batumi, Kobuleti, Poti, Sujumi) y emigraron también a otros países. Así, a principios del siglo XIV en la ciudad de Tabriz (Persia) vivía un maestro judío de la ley llamado Yeshamaneyahu ben Yosef at-Tiflisi, quien escribió allí en 1330 un ensayo llamado Sefer Gan Eden (Libro del Paraíso): luego en otro texto se menciona a la comunidad judía en la ciudad de Gagra, a orillas del Mar Negro, que estaba encabezada por el mismo rabino. Al mismo tiempo, el erudito y filólogo Rabí Yehuda ben Yaman’akov que vivía en Gagra, es autor de un ensayo peculiar sobre la gramática del idioma hebreo, que lleva rastros de la influencia de la escuela primaria caraíta. Durante el periodo del imperio otomano el pueblo judío se convirtió en una de las “naciones toleradas” (incluso algunos se convirtieron al islam).

Época ruso-soviética

En 1801 el pueblo judío georgiano sufrió un corte abrupto: el hecho de que el país se convirtiera en parte del imperio ruso cambió su situación económica, política y social. Desde el principio acogieron con beneplácito el gobierno ruso, pero pronto sintieron el antisemitismo.

El odio judío comenzó a manifestarse por medio de los decretos de los zares o de la iglesia pro-eslava que intentó alejar a la iglesia local. También en esa época, población askenazi rusa proveniente de las “zonas de residencia” (guetos), culturalmente diferente y hablando ídish, se traslada a Georgia debido a los pogromos que tuvieron lugar en Rusia, (denunciados notablemente por escritores georgianos como Ilia Tchavchavadze, David Kldiashvili o Mikheil Javakhishvili) y por la opinión pública georgiana, que se manifestaron contra las persecuciones a los judíos y el antisemitismo rampante.

El decreto de 1804 permitía a los judíos rusos asentarse en la región del Cáucaso, donde, atraídos por las oportunidades económicas y el clima templado, se instalaron en cada región años después de la anexión. Fueron sus profesiones de alguna manera las que facilitaron su entrada: farmacéuticos, médicos, sastres, joyeros, relojeros, etc. Inicialmente, la relación entre los judíos locales y extranjeros fue muy limitada sobre todo debido al desconocimiento mutuo de sus idiomas idish/georgiano. Pero hubo aspectos positivos como el vínculo establecido gradualmente entre las comunidades judías georgiana y rusa. En el establecimiento de una cooperación genuina entre ellas intervinieron los sionistas, y así, paulatinamente, la idea general del sionismo comenzó a propagarse entre los judíos georgianos (sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX), haciendo que cientos de familias dejaran su tierra georgiana por la tierra de Israel. En el s. XIX Georgia experimentaba una prosperidad económica, que naturalmente se reflejaba en la vida de los judíos. Construcción de carreteras, ferrocarriles, expansión de los puertos, el desarrollo de la industria y la agricultura contribuyeron a una reactivación del comercio que condujo a importantes cambios demográficos. Comunidades enteras emigraron desde zonas rurales a urbanas y surgieron así nuevas comunidades en Sujumi y a lo largo de la costa del Mar Negro. También la pequeña comunidad de Tiflis, la capital, aumentó significativamente en aquel momento, y con el auge del comercio entre Europa y Rusia y la consiguiente extensión de los núcleos urbanos, un número creciente de comerciantes judíos se trasladó especialmente a grandes ciudades como Kutaisi, Poti y Batumi.

Es preciso también recordar que los judíos georgianos han sido los únicos judíos que fueron siervos (hasta la década de 1860): en ninguna otra parte del mundo, ni siquiera en Asia, los judíos nunca lo fueron. Fue precisamente con la abolición de la servidumbre en Georgia (1864-1871) cuando comenzaron a mudarse a las ciudades y a dedicarse al comercio, la artesanía, la fabricación de zapatos, el bronce… y su situación mejoró. Y con el traslado a las ciudades apareció la intelectualidad judía.

En 1897 surgió la primera organización sionista en Georgia, creada por seguidores del movimiento Haskalá. En el imperio ruso, el censo del mismo año recogía la existencia de más de 6.000 judíos que declararon al georgiano como su lengua materna. La República Democrática de Georgia fue el primer estado moderno de Georgia (1918 y 1921) siendo reconocida inmediatamente por Alemania y el Imperio otomano; la protección alemana le permitió repeler las amenazas bolcheviques desde Abjasia. Bajo las condiciones de la República, los judíos recibieron plenos derechos civiles, tuvieron sus propios representantes en el gobierno menchevique y tres parlamentarios judíos en 1921. Tristemente la alegría duro muy poco y Georgia fue incapaz de resistir la invasión del Ejército Rojo.

La política social cambió en toda la URSS; por un lado, el fin de la discriminación imperial había abierto el “ascensor social” soviético a los judíos y otros ciudadanos, pero, por otro, el ateísmo oficial y la lucha contra las religiones abundaron. Después de la llegada del comunismo, el comercio experimentó una disminución drástica e inexorable mientras se impulsaba el desarrollo de la agricultura y la industria. La nueva política de industrialización, la secularización y la creación de la Sociedad de Trabajadores Agrícolas Judíos en 1927 afectaron profundamente a la estructura familiar tradicional. Las pequeñas y homogéneas comunidades judías que habían logrado preservar su lengua, comenzaron a aislarse y fragmentarse de manera que su vida comunitaria tradicional empezó a deteriorarse. Según el censo de 1926, había más de 21.000 judíos georgianos en la URSS, y el 96,6% de ellos declaró que el georgiano era su lengua materna. 

Desde un punto de vista religioso, los judíos georgianos fueron probablemente el grupo de judíos más religioso en la época soviética, y entre ellos, los rituales y costumbres del judaísmo fueron los más conservados. A pesar de la represión, cuando se prohibió hacer la circuncisión, aprender hebreo, y otros preceptos, los judíos georgianos (a diferencia de los judíos rusos y ucranianos) arriesgaron su vida para cuidarlos. Cuando las sinagogas y casas de estudio fueron prohibidas por el régimen pro-ateísta, la familia fue el reservorio religioso y fuente de su “orgullo nacional”. Por eso tal vez el cuidado de la tradición judía y su transmisión es tan fuerte todavía…

A pesar de la sovietización, los judíos en Georgia estaban en una mejor posición que los judíos de otras repúblicas soviéticas, aunque las políticas antirreligiosas impulsadas por el gobierno de Moscú comenzaron a afectar la vida diaria. En 1917 en Oni, judíos locales y no judíos impidieron físicamente que los comunistas demolieran la sinagoga fundada en 1895, lo que convirtió a Oni en un símbolo de coexistencia entre los pueblos georgianos frente al invasor imperialista. En 1929 las autoridades clausuraron la sinagoga de Batumi convirtiéndola en un centro deportivo. En la ciudad histórica del suroeste Akhaltsikhe, la sinagoga más antigua (fundada en 1741) se cerró para también convertida en polideportivo. En esta ciudad cerca de la frontera turca se conserva un impresionante un extenso cementerio (sobre el barrio judío cuyos orígenes se remontan al siglo XVII) refleja hoy la importancia que tuvo aquella comunidad judía. En algunas de sus lápidas se lee el tratamiento de «señor» o «señora», grabado en ladino o español sefardí. Parece que algunos de los judíos del sur son también diferentes del resto de judíos georgianos por ser originarios de…… ¡la otra Iberia, es decir, la Península Ibérica!

Durante la Segunda Guerra Mundial en París, representantes de la comunidad judía georgiana, (Joseph Eligoulachvili -Secretario de Estado en el exilio en París-), apoyados por Sacha Korkia (alemán de origen georgiano cuyo hijo había luchado en la Luftwaffe) y Sossipatré Assathiany (director de la Oficina de Refugiados de Georgia en Francia), ayudados por académicos y políticos georgianos (incluido Michel Kedia, en el tribunal de Berlín), utilizaron en 1942 el argumento “los judíos georgianos pertenecen a la etnia georgiana y se convirtieron a la religión hebrea” para eximir a los judíos georgianos de llevar la estrella. Extendieron esta disposición a 243 familias judías no georgianas (mizrahitas y sefardíes originarios de Turkestán, Irán, los Balcanes y España), georgianizando sus apellidos, salvando así a casi mil personas de la deportación.

El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi había lanzado el ataque sorpresivo contra la URSS avanzando hasta llegar a las afueras de Moscú. En meses, las unidades ambulantes de exterminio iniciaron el asesinato masivo de comunidades judías soviéticas. Personas aisladas y grupos intentaron escapar de los nazis, cruzando fronteras hacia países más seguros. Unos 350.000 judíos huyeron hacia territorio soviético que aún no había sido ocupado y así llegaron a Georgia varios miles de askenazis, entre los que se encontraban los ascendientes de mi familia política. Allí se refugiaron y se asentaron para siempre.

En Georgia, a finales de la década de 1950, se aceleró el desarrollo económico y la situación financiera de los judíos comenzó a mejorar y ocuparon posiciones prominentes en la sociedad. La tolerancia en Georgia permitió evitar cualquier pogromo, aunque no faltaran períodos de tensión. La mayoría de la población judía siguió la religión. A pesar de más de medio siglo de dominación comunista, los judíos georgianos siguieron las tradiciones de sus antepasadas: circuncisión, ceremonia de boda privada, leyes kosher; celebraron el Sabbat y las fiestas judías de todo tipo y apoyaron financieramente a las sinagogas. Durante el período soviético todo esto no se observó entre las comunidades de judíos rusos. Entre 1960 y 1970 fue cuando la población judía en Georgia alcanzó su pico máximo con aproximadamente 90.000 habitantes. Tan pronto como aparecieron las primeras grietas de la URSS, el 6 de agosto de 1969, los judíos georgianos tomaron la iniciativa para alertar a la comunidad internacional y exigir el derecho de retorno a Israel: dieciocho de ellos escribieron a la ONU una carta en ese sentido (en 1971 hicieron una huelga de hambre frente al palacio de correos de Moscú).

Paralelamente, en el resto de la URSS en la década de los 70 la aliá se hizo masiva: 30.000 de ellos eran judíos georgianos. Según el censo de 1970 había 43.000 judíos en la URSS que declaraban al georgiano como lengua materna. En los 80 aproximadamente 4.000 personas judías emigraron.

Libres del yugo del norte

A partir de 1991 se restablecieron fronteras y libertades en Georgia, pero también la guerra civil asoló el país y las dificultades económicas se agravaron. Estas causas propiciaron de nuevo una emigración masiva de judíos (el 90% de ellos).

Muchos otros visitaron a sus familiares en Israel, y éstos a su vez comenzaron a visitar las tierras donde nacieron, lo que tuvo un gran impacto sobre los diversos aspectos de la vida judía en Georgia: aumentó la conciencia nacional y se inició el proceso de desarrollo cultural de la vida judía. Quienes habían abandonado a Georgia sintieron su profunda conexión con el pueblo georgiano mostrando interés en su lucha por la autodeterminación; en Israel, conservando el idioma georgiano, disfrutaban de una fuerte hermandad. En este difícil período que padeció Georgia (92-93) Israel fue uno de los primeros estados extranjeros que abrió su embajada en Tbilisi y comenzó a enviar suministros humanitarios.

Paralelamente, más de 250.000 georgianos sufrieron limpieza étnica en Abjasia por parte de separatistas abjasios y voluntarios norcaucásicos, en su mayoría chechenos. En 1994 se firmó un acuerdo entre el Rabinato de Georgia y la Presidencia de la República de Georgia que garantizaba recursos para la conservación de la cultura, la historia y el idioma judeo-georgianos, y en 1998, se celebró solemnemente el ‘2.600 Aniversario de la Coexistencia de los pueblos georgiano y judío’. Paulatinamente, la población judía georgiana continúo emigrando a un ritmo acelerado hacia EE. UU., Europa, Israel y Rusia (50.000) y en 2004 sólo 13.000 quedaban en Georgi en la capital y en las pequeñas comunidades de Kutaisi, Gori, Surami, Oni, Akhaltsikhe, Batumi, Kareli, Kulashi, Poti, o Vani, lugares históricos donde se han ido renovando sinagogas gracias a donaciones de Israel y al apoyo financiero de los que emigraron.

En Kulashi, hoy sólo el recién establecido Museo de la amistad georgiano-judía recuerda la presencia judía en la ciudad, antes denominada la “Jerusalén de Georgia” por ser el hogar de una de las comunidades judías georgianas más grandes. Es bien cierto que hay personas que evitan declararse judías en los censos, pero se va perdiendo “el miedo” y la integración de los judíos también se ve en la política local. En este periodo democrático continuó la política de respeto entre pueblos y culturas, a diferencia de la practicada por las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur donde 25.000 georgianos fueron expulsados y el último barrio judío de Tsjinvali completamente destruido durante la Segunda Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008. ….

Ausencia de antisemitismo

El Cáucaso es una región verdaderamente multinacional donde diferentes religiones han convivido, y ello propició una relación entre diferentes mejor que en Rusia. Además, el antisemitismo no era característico de los pueblos caucásicos y este es un fenómeno particular de la comunidad hebrea georgiana, en el que coinciden judíos e historiadores.

Hubo ausencia de antisemitismo en el país: no hubo incitaciones de la iglesia georgiana (ni de otras cristianas), ni de los gobiernos, ni persecuciones o disturbios antijudíos. El pueblo judío nunca fue expulsado del país, nunca sufrió restricciones acerca de donde vivir y nunca hubo guetos. Los ciudadanos georgianos son iguales ante la ley sin discriminación alguna. En 1998, durante la ceremonia de aniversario de la presencia judía en Georgia, el rabino David Baazov declaraba “Hermanos, un país donde los judíos han estado asentados durante 2.600 años y nunca han sido perseguidos ni masacrados”.

Es decir, desde hace más de 26 siglos se consideran parte de Georgia. Es un hecho innegable que las tradiciones y la vida de los judíos georgianos son en muchos aspectos similares a las de Georgia, tradicionalista, conservadora y patriarcal. Y así, como la mayoría de la población georgiana goi, mantienen fuertes lazos familiares y otras costumbres “georgianas” en multitud de aspectos de la vida cotidiana: la ropa, los muebles, la ceremonia de boda. Los judíos georgianos celebran el año nuevo e incluso la navidad, pero observan las tradiciones judías (incluidas las reglas del matrimonio y el funeral). Los niños que se preparan para su Bar Mitzvah aprenden hebreo, pero parte de la Torá se canta en georgiano. En general, solo se cantan en hebreo algunas canciones de importancia religiosa y ritual.

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2 Responses

  1. Documentado e interesante artículo sobre la comunidad judía de Georgia. País poco conocido cuyo mayor mérito histórico ha sido la ausencia de antisemitismo y la convivencia de diferentes etnias y religiones.
    Trabajos como éste de Yolanda Alba son necesarios, hoy más que nunca, en un mundo de conflictos y guerras
    de todo tipo.
    Su estilo claro, preciso y directo resume y expresa perfectamente el devenir de ciertos grupos religiosos y la tradición de independencia y tolerancia del pueblo de ese lejano estado

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