Eva Leitman Bohrer:”Mis padres no hablaban de la Shoá. Lo supe por documentos que encontré tras su muerte”.

Eva Leitman Bohrer
Eva Leitman Bohrer

Eva Leitman Bohrer (Budapest, 1944) es divulgadora y educadora sobre la Shoá y vicepresidente de la Fundación Violeta Friedman en España. Sobrevivió la Shoá junto con su madre, gracias al diplomático español, Ángel Sanz Briz, declarado “Justo entre las Naciones” por Yad Vashem. Eva es una de las voces más activas en España en la transmisión de la memoria del Holocausto. Llegó a Madrid en 1954, tras viajar desde Hungría hasta Tánger, y desde allí a España junto con su madre y su abuela. Desde hace décadas, Eva se dedica a explicar la historia de los judíos húngaros, la complejidad de la Shoá en Europa Central y el papel fundamental de los diplomáticos que salvaron vidas.

Eva Leitman Bohrer
Eva Leitman Bohrer

El libro que relata su historia familiar Los papeles secretos de Pape, escrito por Alexandra Ciniglio y publicado por la editorial Nagrela, es una obra testimonial creada a partir de más de cien documentos familiares encontrados tras la muerte de sus padres, reconstruye la historia que nunca le contaron: la muerte de su padre biológico en las marchas de la muerte, el paso de su madre por un subcampo de Mauthausen, la huida de su familia del comunismo y el largo camino hasta conseguir una vida estable en Madrid.

 

 

Eva visita constantemente colegios e institutos de toda España y otros países, para transmitir su historia en primera persona. Su testimonio se ha convertido en una herramienta pedagógica imprescindible para las nuevas generaciones.

Los papeles secretos de Pape
Los papeles secretos de Pape

Apenas hace tres años volví a ir con mi marido, recorrí cementerios y finalmente encontré uno donde estaba el nombre de mi padre biológico, Artur Leitman.

ANNA. Nació en 1944, justo cuando en Hungría se complica la situación para los judíos.

EVA. Sí, nací el 29 de junio de 1944, en Budapest. Nací el día en que los aliados británicos bombardearon Budapest, era el final de la guerra, pero era la peor parte para los judíos húngaros. La historia de la Shoá húngara es muy diferente de la del resto de Europa. A partir de 1940 empezaron a aplicar las leyes de Núremberg, pero en la vida cotidiana no se notaba tanto. Mi abuela, que era una mujer con mucha energía, no quiso esperar y compró un visado para toda la familia. Mi madre estaba recién casada y no quería irse.

Desde el 19 de marzo de ese año los nazis habían invadido Hungría. Con la invasión se desató el partido nazi húngaro, los cruzflechados, que mataban judíos por la calle. Fueron responsables de la matanza del Danubio. Al borde del Danubio hay un monumento con zapatos que representan a casi 50.000 judíos asesinados. Como no tenían muchas municiones, ataban a seis o siete personas, disparaban a una y por el peso caían todos al río. Ese día nací yo. Mi madre decía que había nacido en el peor día del mundo.

Mi padre biológico fue llevado primero al servicio militar, luego a trabajos forzados y finalmente a un campo de trabajo. Pudo venir una o dos veces y en una de esas visitas mi madre quedó embarazada de mí. No era el mejor momento. Yo nunca lo conocí, murió en las marchas de la muerte, cerca de la frontera con Austria.

Hace unos años fui con mi hijo Rafael a buscar algún rastro. No encontré nada y me prometí volver. Apenas hace tres años volví a ir con mi marido, recorrí cementerios y finalmente encontré uno donde estaba el nombre de mi padre biológico, Artur Leitman. Mi marido dijo kadish y fue muy emocionante.

Yo siempre había tenido su certificado de defunción, que decía “muerte heroica” y “empleado de trabajos forzados”. Siempre me ha parecido absurdo que pongan “empleado” como si fuera posible ser “empleado” de trabajos forzados.

Considerando que era un bebé durante la Shoá ¿quién le contó todo lo que sabe sobre esos años?

Nadie. Mis padres no hablaban de la Shoá. Todo lo supe por documentos que encontré después de la muerte de mis padres. Mi madre murió hace 15 años y mi padre Joseph Bohrer, quien se casó con mi madre ya viviendo en España, falleció hace 9 años. Encontré en su caja fuerte más de cien documentos: fotos, papeles, correspondencia. Entre ellos, el documento de liberación de mi madre por el ejército norteamericano de un subcampo de Mauthausen. Yo nunca supe que mi madre había estado en Mauthausen. Para mí fue un shock.

Mi madre era una mujer espectacular, sociable, guapa, glamurosa. No me la podía imaginar en un campo de trabajo. Pensé que el documento era falso. Mi editor lo envió a Mauthausen y confirmaron que era auténtico.

También descubrí que mi padre biológico había sido asesinado, y que mis padres —mi madre y el que fue mi padre después— se encontraron en París tras la guerra. Él había pasado 39 meses en un campo de trabajo. Sobrevivió porque era contable y lo mandaron a la cocina a contar patatas. El que estaba en la cocina sobrevivía, pues hacía más calor y siempre había alguna sobra para comer.

Cuando al diplomático español Ángel Sanz Briz que salvó miles de judíos en Budapest, incluida mi familia quisieron darle el reconocimiento de Yad Vashem en Israel, el Ministerio de Asuntos Exteriores español no le permitió ir. Fue su viuda quien lo recibió 20 años después.

¿Qué había pasado con su abuela, quien entendió desde el principio de la guerra que las cosas iban a ir a peor?

Mi abuela era una mujer muy emprendedora, compró un visado para toda la familia por 5.000 dólares y se fue a Tánger con su cuñada. Lo del visado era una estafa, pero al menos se cubrió el coste del viaje. En Tánger abrieron un restaurante, un hotel y luego los vendieron y se fueron a Madrid en 1943, donde abrieron otro restaurante de comida húngara. A los españoles no les gustaba la comida húngara, pero sí a los espías que se reunían en Madrid durante la guerra.

Mi abuela hablaba húngaro, alemán, francés y español, y no creo que fuera espía pero probablemente hacía de enlace informal, escuchando cosas que interesaban a otros. Entre los documentos encontré su pasaporte lleno de sellos: Tánger, Ceuta, Sevilla. También cartas que ella enviaba desde Madrid a Budapest, que milagrosamente llegaban.

Su madre y usted se salvaron gracias al diplomático Ángel Sanz Briz ¿Qué hizo?

Sí, Sanz Briz nos salvó a nosotras y a otros miles de judíos, es Justo entre las Naciones. Él alquiló ocho casas para poder proteger ahí judíos. En España se dice que lo hizo él solo; yo creo que también le ayudaron algunos judíos ricos, pero el mérito es suyo. Cuando quisieron darle el reconocimiento de Yad Vashem en Israel, el Ministerio de Asuntos Exteriores español no le permitió ir. Fue su viuda quien lo recibió 20 años después.

En Budapest también estaban los diplomáticos Raoul Wallenberg, Carl Lutz y Monseñor Rotta. Todos salvaron judíos húngaros.

Hay una foto que enseño en mis charlas en institutos, de las Macabeadas en Budapest: Estamos Juan Carlos Sanz Briz, (hijo de Ángel Sanz Briz), yo, mi hijo Rafael y mi nieta Rebeca. Es muy significativa para mí esta foto, significa que no pudieron con nosotros.

¿Cómo continuaron sus vidas al terminar la guerra?

Mi madre y yo nos quedamos en Budapest, probablemente en una casa estrellada pues habíamos perdido la nuestra. Llegó el comunismo y mi abuelo no quería vivir bajo ese régimen, tenía contactos y camiones y así pudimos salir de Budapest, primero a Praga, donde contactaron a mi abuela a través de la Cruz Roja. Por haber salido de Hungría perdimos la nacionalidad húngara y fuimos apátridas hasta que llegamos a España. Yo fui apátrida hasta los 22 años.

Después de Praga nos fuimos a París. Mi madre se reencontró ahí con Joseph Bohrer. Él estaba divorciado y ella viuda. Se fueron juntos a Tánger, se casaron allí y vivieron unos años muy felices. En 1954, la vida en Tánger ya se estaba complicando para los judíos y llegamos a Madrid, donde mi padre fue un pilar de la comunidad judía durante 32 años.

Angel Sanz Briz
Ángel Sanz Briz ©Yad Vashem Photo Archives

Colaborando con Yad Vashem España y la Universidad Francisco de Vitoria hemos visto casi 10.000 chicos en dos años.

Lleva años contando su historia, sobre todo a jóvenes.

Doy charlas en colegios e institutos. Les cuento mi historia y les enseño algunos documentos. Hace tres años, en un instituto de Valencia, tras escuchar mi historia, cinco de los chicos hicieron un trabajo precioso sobre mujeres durante la Shoá y ganaron un premio europeo. Su profesora me comentó recientemente que los chicos habían quedado muy impresionados. Para mí fue muy importante. Significa que lo que cuento no cae en saco roto. Además, eso se expande, cinco chicos son cinco familias, tíos, vecinos. Algo queda.

¿Cuándo empezó a contar su historia?

Con la muerte de mis padres encontré esos documentos que me revelaron cosas sobre la historia de mi familia, pero llevo años hablando, mucho antes de encontrar los documentos. Hace años, en la Comunidad Judía de Madrid, como era la única ashkenazí, me ocupaba de todo lo relacionado con la Shoá. Pero hablaba de la Shoá de manera general, no de mi Shoá. No conocía los detalles de mi familia. Hoy en día ya puedo hablar de otra manera, de mi familia, porque hablar de seis millones no significa nada para un chico. Hablar de mi padre, mi tío, mi abuelo, sí.

Colaborando con Yad Vashem España y la Universidad Francisco de Vitoria hemos visto casi 10.000 chicos en dos años. Durante el COVID seguí dando charlas por Zoom. En una de las clases todos habían comprado mi libro. Eso me hizo llorar.

Soy vicepresidenta de la Fundación Violeta Friedman y doy muchas charlas con Patricia Weisz, la hija de Violeta. Violeta fue una verdadera heroína. Mi familia es una familia más que salió adelante.

Hablo mucho de Ángel Sanz Briz porque me siento española y es importante que se conozca a un Justo español que salvó a mi familia y a muchas otras.

Padres de Eva Leitman
Padres de Eva Leitman

¿Cómo le afectó el 7 de octubre?

Mis abuelos vivían cerca del lago Balatón en Hungría. En 1910 hubo un pogromo y mataron a mi bisabuelo. Mi abuela se salvó escondiéndose en una cuneta. Para mí, lo que ocurrió el 7 de octubre se asemeja mucho a un pogromo. No hablo de política en mis charlas, pero sí quiero recordar a los asesinados, y eso sí lo menciono como un ejemplo de pogromo.

En estos últimos dos años nos llaman menos para dar nuestras charlas, a veces nos llaman y luego cancelan en el último momento. A universidades no vamos, no me siento capaz. Con chicos adolescentes sí, porque si dicen algo les digo: “Estúdiatelo. No lo mires en TikTok. Infórmate bien”, pero los universitarios ya sienten que lo saben todo y se cierran.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad