Richard Carlow: El teatro y la cultura ídish como pasión por vida

Richard Carlow
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Richard Carlow es un actor neoyorquino que vive en Madrid desde hace 30 años. Descubrió el ídish ya de adulto y se enamoró del idioma. Actuó en obras del Folksbiene Yiddish Theatre de Nueva York, uno de los teatros ídish más importantes del mundo. En Madrid participa activamente en el teatro en inglés y coordina el Yiddish Wínkel, encuentros mensuales para hablantes y aficionados al ídish.

Richard Carlow
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Anna: ¿El ídish era un idioma que escuchabas en casa cuando eras niño?

Richard: Mis padres hablaban ídish con sus propios padres, pero no con nosotros. Yo lo escuchaba de niño y siempre me gustó cómo sonaba; incluso le pedía a mi madre que me hablara en ídish, pero no crecí hablándolo. Lo aprendí de adulto. Estudié en el Programa Intensivo de Verano organizado por YIVO en la Universidad de Columbia durante cuatro años y desde entonces he seguido tomando cursos. Para mí, el ídish es un idioma aprendido, no mi mame loshn.

Trabajé en YIVO durante diez años como recepcionista. Conocía a todo el mundo que pasaba por allí. Más tarde, YIVO se unió a otras instituciones para formar el Center for Jewish History en Nueva York.

¿De dónde era originalmente tu familia?

Mis abuelos maternos eran de Vilna y de Bielorrusia, cerca de Minsk. Mis abuelos paternos eran de Kiev y de un pequeño shtetl llamado Dobromil, que hoy está en Ucrania. Emigraron a Nueva York a principios de 1900.

 ¿Cómo llegaste al teatro ídish?

Siempre estuve involucrado en el teatro. Cuando empecé a estudiar ídish y a trabajar en YIVO, me involucré también en el teatro ídish y trabajé con el Folksbiene Yiddish Theatre de Nueva York, fundado en 1915. Actué en varias obras clásicas del teatro ídish.

 ¿Las obras suelen estar escritas originalmente en ídish o son traducciones?

Tradicionalmente se representaban obras escritas originalmente en ídish. Pero con los años se han traducido muchos clásicos universales: Shakespeare, Ibsen, Strindberg. Recientemente han estrenado “El violinista en el tejado” en ídish con gran éxito, dirigida por Joel Grey.

¿Qué obras te gustaría traducir al ídish si tuvieras la oportunidad?

Siempre quise traducir “La muerte de un viajante” de Arthur Miller al ídish; creo que sería perfecta. También The Sunshine Boys, una obra que también llegó al cine, una comedia sobre dos artistas judíos de vodevil ya mayores.

Después de la Shoá, el idioma casi desapareció.

Sí. Aproximadamente el 85% de los judíos asesinados durante el Holocausto eran hablantes de ídish. A eso hay que sumar las prohibiciones en Israel y en la Rusia estalinista, además de la asimilación en América y Europa. Pero desde los años 70, con el resurgimiento de la música klezmer, el ídish vive un renacimiento. Hoy se enseña en decenas de universidades y hay programas intensivos de verano en al menos diez ciudades.

Como mencionaste, mientras en Nueva York la cultura ídish florecía, en Israel se desalentaba.

Exacto. En 1949 incluso se prohibió. El gobierno quería que el hebreo fuera la lengua nacional. Una vez que el hebreo quedó firmemente establecido, ya no había tantas restricciones. Hoy hay cursos de ídish e incluso un teatro ídish en Israel, pero Nueva York sigue siendo un centro fundamental porque allí el idioma se preservó gracias a los inmigrantes.

¿La situación actual en Israel ha afectado a la escena ídish?

El antisemitismo ha aumentado en todo el mundo, pero no creo que haya afectado específicamente al ídish. Afecta a los judíos, por supuesto, pero la cultura ídish sigue creciendo. Lo que sí ocurre es que estos temas de la actualidad se discuten más dentro de los círculos ídish.

Imagino que el público del teatro ídish es mayoritariamente judío.

En su mayoría, sí. Pero también hay no judíos estudiando ídish —en España, en Japón, en universidades de todo el mundo. Cuando enseñé ídish en la Universidad Complutense, ninguno de mis seis alumnos era judío. A uno le encantaba la música klezmer; otra se apuntó por error pensando que era hebreo y se quedó porque le encantó.

Richard Carlow
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Anna: ¿Qué te trajo a Madrid?

Desde niño soñaba con vivir en otro país. En 1997, mientras me recuperaba de un infarto, una frase famosa del Talmud me venía constantemente a la mente: “Si no soy para mí, ¿quién será para mí? Si soy solo para mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo?”. Ese fue el momento en que decidí hacer lo que siempre había querido: vivir en otro país y experimentar otra cultura.

Elegí España porque había estudiado algo de español en el instituto. Pasé el primer año en la Universidad Complutense estudiando lengua, historia, arte, prensa, etc. Mi español nunca llegó a ser tan perfecto como esperaba, pero me gustó vivir aquí, conocí a mi pareja y ya me quedé.

Cuéntanos sobre el Yiddish Wínkel en Madrid.

Lo fundó hace más de 30 años Rhoda Henelde Abecasis, especialista en literatura ídish. Ahora ells pasa más tiempo en Israel, así que yo heredé el grupo. Somos unas 15 personas: muchos argentinos, algunos uruguayos, dos neoyorquinos y algunos españoles. Es un grupo muy variado: profesores, escritores, gente interesada en la literatura, la música o la historia familiar.

¿Cómo ves la escena ídish hoy?

Hay muchísimo movimiento: podcasts, vídeos en TikTok, grupos de Facebook, seminarios en línea casi a diario, incluso hay Wikipedia en ídish, y se puede aprender ídish en Duolingo. No es lo que era antes de la guerra, pero está mucho mejor que hace 50 años.

La gente descubre cada día lo rica y colorida que es esta lengua. El ídish es increíblemente expresivo. Por ejemplo, en inglés  y en español decimos “El hombre propone, Dios dispone”. En ídish es A mentsh trakht un Got lakht — “El hombre dispone y Dios se ríe”. Resume perfectamente el humor y la visión del mundo que encierra esta magnífica lengua.

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