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Rabina Irene Muzás Calpe, primera rabina española, nos habla del feminismo en el judaísmo

Irene Muzás Calpe

La rabina Irene Muzás Calpe se ordenó a finales del 2022 en Postdam, Alemania. Tras más de seis año de estudios rabínicos en Alemania e Israel llegó el momento de tomar el liderazgo de la comunidad masortí Atid de Barcelona. Rabina Muzás Calpe es por tanto la primera mujer española en ser ordenada rabina, un hito histórico y un logro para el movimiento masortí, para el judaísmo español y para su congregación en Barcelona. 

En Marom Connect queremos saber por qué se decantó por el movimiento masortí, qué retos le esperan para el 2023 y cómo su liderazgo feminista puede mejorar muchos aspectos del judaísmo actual.

Me di cuenta de que el movimiento masortí es un movimiento que trata de reconciliar dos realidades: la tradición y la modernidad. 

¿Por qué eligió el Judaísmo Masortí?

Yo empecé en el movimiento reformista he de decir. Quería aprender hebreo y la única sinagoga de Barcelona abierta que ofrecía clases era la reformista. No conocía el movimiento masortí, lo que sí conocía era que la Reforma es el pilar del movimiento progresista. Cuando me fui a Berlín a estudiar me topé con en el seminario rabínico reformista. A lo largo del primer año me fui adentrando más en los textos, me gustaba profundizar más, rezaba con mucha más dedicación y me fui haciendo más observante. La reforma no ve tal observancia con buenos ojos, de manera general digo, hay reformistas muy observantes. 

Entonces descubrí la escuela paralela que era la masortí. Me sentí mucho más a gusto con el programa de estudios y también con los propios estudiantes. Me fui implicando más en el rezo, en el cumplimiento y me di cuenta de que el movimiento masortí es un movimiento que trata de reconciliar dos realidades: la tradición y la modernidad. 

Hasta ese momento con la Reforma vivía muy inmersa en la modernidad y empecé a plantearme cosas. Esto es ahora la modernidad, pero ¿qué pasa si dentro de unos cuantos años la modernidad es algo totalmente opuesto a esto? Esta manera de ver el mundo reformista empezó con una reunión en Estados Unidos (bueno, de hecho era la segunda gran reunión del movimiento reformista) y ofrecieron un banquete en el que había comida no kasher. Era su manera de revolucionarse. Pero eso ya no tenía que ver nada conmigo. Se trataba de la revolución de una gente que se había constreñido y oprimido mucho y esa era su manera de revolucionarse. Yo no provenía de ese mundo y me planteé lo siguiente ¿para qué romper con algo que no tenía nada que ver conmigo?

Empecé a estudiar lo que era la tradición y allí me sentí más a gusto. Me gustaba estudiar los textos y vi que el movimiento masortí daba mucho más importancia al estudio de los textos y a confrontar el texto con la realidad moderna, pero siempre intentando buscar soluciones dentro de la tradición. Descubrí que ya había habido otras revoluciones pero siempre basándose en la tradición y cómo ha ido el judaísmo evolucionando. Esto la gente no lo sabe, se piensa que siempre ha sido monolítico, todo lo contrario. 

Vi que el movimiento masortí se integraba de una manera mucho más fluida y natural en esa tradición judía de ir adaptándonos a los tiempos pero siempre con respeto por la tradición. Por esta razón me cambié al movimiento masortí.

¿Por qué sintió la necesidad de convertirse en rabina y no permaneció como académica, como “scholar”?

Hay un proceso muy largo. Yo primero siempre quise ser una scholar. Pero para ser académico tienes que estudiar mucho y solo te sirve para poner títulos en la pared. ¿Qué hago con estos conocimientos? Simplemente era una satisfacción personal que alimentaba al ego. Me di cuenta de que aquello no era mi camino espiritual sino que lo que a mi me gustaría hacer era poder transmitir todo mi conocimiento. ¿De qué sirve acumular todo este conocimiento si te lo guardas para ti? 

Yo ya fui profesora de inglés, luego de latín y lo que a mi me interesa es hacer pensar a la gente y ayudarla a que encuentre su camino. Me interesaba el contacto que tiene una profesora, o pedagoga, el de ayudar a la gente. Todo esto me estaba llevando por el camino del rabinato porque un rabino no es nada más que un profesor, un hombro sobre el que llorar o un psicólogo. También desde un punto de vista personal porque descubrí que tenía raíces judías. Quería recuperar esto y transmitirlo a mi familia, y de mi familia a la comunidad y de la comunidad a la sociedad.

¿Piensa que una rabina puede aportar algo diferente?, ¿mejorar algunos aspectos? o, ¿ simplemente para ser rabino o rabina no importa en absoluto el género?

Hace poco recibí un mensaje de una de las primeras rabinas que hubo (la primera fue una alemana en 1935, pero desapareció su rastro). El mundo conoció a la primera rabina en 1972 y recibí un email de ella que ponía “de una primera a una primera”. Hablaba de las dificultades que había encontrado y son muy parecidas a las mías ahora. Por supuesto, yo parto con ventaja, porque esto fue hace 50 años. 

Yo siempre he sido feminista, nací siendo feminista y nunca pensé que por la casualidad de pertenecer a un género u otro vaya a aportar algo diferente. Pero sí que hay un componente de cómo los demás ven a una mujer rabina. Lo que puedo aportar es una cierta normalidad, el hecho de ver que una mujer rabina es algo normal. Yo pensaba que sería más fácil porque para mi es la cosa más natural del mundo, pero no lo está siendo.

Es curioso, pero me llaman más rabina los hombres que las mujeres. Soy rabina hasta que haya alguna decisión de liderazgo. Y entonces, les digo, si fuera hombre, ¿cuestionarías mi liderazgo? Es terrible, pero pasa. Por eso, lo que quiero aportar es apertura, normalidad y pluralidad, más que nada por la manera de ser percibida, no por el hecho de ser mujer. 

Por otro lado hay niñas que en su momento no hicieron el Bat Mitzvah y ahora sí lo quieren hacer. Quizá porque me ven allí y piensan: si ella está allí, yo también puedo. Esto es lo que más ilusión me hace de ser mujer en este puesto.

Irene Muzás Calpe
Rabina Irene Muzás durante su ordenación como rabina. Foto: Facebook de Atid

Yo me inscribí en unas clases de hebreo en la FCJE. Ahí somos todas mujeres y solo un hombre. Intentando encontrar una explicación a esto la profesora Dafna Ben Nun dijo: “yo pienso que se debe a que antes las mujeres no tenían qué estudiar, no hacían ni el Bat Mitzvah y ahora que sí pueden, se apuntan y lo quieren hacer todo”. ¿Qué piensa sobre esta afirmación?

Sí, y si alguien te dice que no, que las mujeres deberían ser excluidas de los estudios es discriminación de género y punto. Puede no gustarte, pero afronta la realidad. Si alguien dice “no, pero yo estoy muy contenta con mi papel de madre”…. ¡Si nadie dice que no puedes ser madre! Puedes ser madre, rabina y estudiosa. Puedes serlo. Pero el que no se te permita es una cuestión de discriminación de género. Esto acabará, pero también es cierto que no se debe imponer este cambio. Tiene que venir de manera natural desde cada punto y cada corriente del judaísmo. 

¿Cuál de los personajes de la Torá le ha inspirado más?

Siempre me ha fascinado Jacob porque es un personaje que comete muchos errores, engaña, le pasa de todo, y me encanta ese trozo tan cortito cuando lucha en contra de ese ser que no sabemos muy bien qué es. A pesar del miedo sale victorioso de la lucha, pero cojeando. Ha superado sus miedos, cambia incluso su nombre y es una persona totalmente diferente. Jacob pasa por tantas etapas en su vida: Jacob el niño, el enamorado, el padre… sufre muchísimo como padre pero nunca pierde la esperanza. Quizá de los personajes de la Torá, es él en que más evolución puedes ver. 

Hay algo muy bueno en el judaísmo y es que en mayor o menor medida cada cual lo puede interpretar a su manera. Yo siempre he observado en la lucha de Jacob y en el cambio al nombre Israel, la identidad futura del pueblo judío, esa manera de no rendirse y de cuestionarlo todo, de luchar. ¿Todo eso viene de Jacob?

Efectivamente, la lucha de Jacob no solo es enfrentarse a los miedo sino la de cuestionar todo continuamente. La lucha del judaísmo es cuestionar continuamente y para esto tienes como evidencia el Talmud. Todo aquel que no ha leído el Talmud, reverencia el Talmud porque no sabe lo que es. El Talmud es una pregunta tras otra, constantemente. 

Para mí el judaísmo es una tradición de preguntas sin respuestas y de mucho humor. Por lo tanto, es una tradición que intenta constantemente no fiarse de ningún tipo de autoridad, porque la cuestionas con preguntas y con humor. El reírse de algo es cuestionar esa autoridad. El Talmud es estar deconstruyendo y reconstruyendo, con preguntas y humor y muchos han olvidado esto. Se han quedado en la construcción y un día de estos se le caerá encima. La gracia está en reconstruir y ahora estamos en esta fase. El feminismo es una fase más de reconstrucción constante. El feminismo es plural también, surgen diferentes puntos de vista, por lo tanto sigues reconstruyendo estos textos y no solo los textos, sino la tradición. 

Siempre me gusta hablar del rabino Jonathan Sacks quien fue el rabino jefe del Reino Unido. Él tiene muchas frases potentes, pero me gusta mucho una. Ataca al fundamentalismo en el judaísmo y dice que “todo es interpretación, pero desde la tradición”. A mi esta frase me parece brutal. Esto es algo que muchos sectores del judaísmo han olvidado. Te están vendiendo un “judaísmo auténtico” desde un punto de vista que no es nada judío, sin cuestionar nada. Hay que abrirse al cuestionamiento.

Que utilicen constantemente a Israel en los debates electorales es algo complicado de gestionar y muy molesto. Se tiende a confundir lo que son las comunidades religiosas con el estado de Israel.

¿Cuáles son los pilares básicos de una comunidad judía sin los cuales no podría fortalecerse y crecer?

No tengo ni cuatro meses en el cargo, pero te cuento mi idea. ¿Una sinagoga qué es: es una Beit Kneset, Beit Midrash y una Beit Tefilá. Por tanto debe ser un lugar de reunión donde la gente pueda encontrarse para compartir momentos y espacios sin la necesidad de que sea algo religioso. Tiene que ser un lugar de estudio donde la gente pueda formarse y estudiar, y un lugar de rezo. 

Las comunidades pequeñas de España que somos de un carácter más progresista, resumimos la tefilá semanal a Kabalat Shabat. En mi comunidad siempre hacemos Kabalat Shabat y hemos conseguido que haya siempre minián. Después, una vez al mes hacemos Shajarit. Preparo también una charla y estudiamos un texto. A la gente le encanta debatir, intercambiar ideas, incluso al principio decían que no querían estudiar cosas religiosas.

Lo que estoy haciendo en la comunidad masortí Atid de Barcelona es ir montando grupos de trabajo. Te pueden decir no, es que esta es una comunidad muy apática. No es verdad. Todo el mundo quiere hace algo. Pero tienes que conocer tu comunidad y detectar a los interesados. Por ejemplo, hay un grupo de gente a los que les gusta mucho el tema de la tefilá. Tienes que detectar quiénes son esas personas y darles una formación. Con esta formación la gente adquiere un rol y una responsabilidad y van acudiendo. Y así van surgiendo iniciativas.

¿Cómo afecta a las comunidades judías el antisemitismo que está en auge ahora especialmente en Barcelona con la decisión de la alcaldesa Ada Colau de suspender el hermanamiento con Tel Aviv?

Nosotros estamos siempre abiertos al debate pero hay que poner unas líneas rojas. Que utilicen constantemente a Israel en los debates electorales es algo complicado de gestionar y muy molesto. Se tiende a confundir lo que son las comunidades religiosas con el estado de Israel. Y después lo quieren separar totalmente, diciendo: “no, esto no va con vosotros”. Claro que va con nosotros…si yo soy de Barcelona y del Barça. Pero también hay una empatía con Israel porque tenemos amigos allí e Israel es el único Estado judío. Hay vínculos que no se pueden romper. Que digas cosas tan horribles sobre Israel, que haya apartheid, cuando tú has estado allí y no has visto nada de eso, es muy doloroso. 

¿cómo puede hacer pedagogía de esto para cierta gente que ya está muy convencida de sus ideas y que a veces son antisemitas?

Mira, vino un grupo que se llama Jewish Impact y nos visitó en Atid. Es un grupo de Tel Aviv que lucha contra el antisemitismo y acompañan al equipo de baloncesto Maccabi Tel Aviv cuando tienen un partido de la Euroliga. Y nos dijeron que intentaron hablar con la alcaldía de Barcelona y contarles sobre Tel Aviv, que 25% de las parejas son del mismo sexo, que es una ciudad plural, donde viven árabes junto con judíos. Y la respuesta fue: “bueno, esto es lo que dicen ustedes”. Es que nosotros vivimos allí… 

Tú puedes poner un montón de ejemplos de gente que ha escapado de Gaza para vivir su homosexualidad libremente en Tel Aviv pero están tan convencidos de lo suyo y no van a dar su brazo a torcer. Esto significa que se están basando en prejuicios. Y los prejuicios llevan a lo peor del ser humano. Además un hermanamiento entre Barcelona, Tel Aviv y Gaza era fantástico, porque lo que estás haciendo es tender puentes, con unos y con otros, y era una iniciativa fabulosa. Pero hay gente que piensa más en derribar puentes que en construir.

Hay tantas injusticias en el mundo pero el foco es siempre Israel y este es el problema. Cuando evalúas unas actitudes de una manera dependiendo de quien lo está haciendo, no estás velando por los derechos humanos. En realidad enarbolar la bandera de los derechos humanos estás ocultando tu antisemitismo. 

Irene Muzás Clape
Rabina Irene Muzás en Atid Barcelona. Foto: Facebook ©Atid Masortí

Los conflictos territoriales tienen que ver con intereses políticos y de otra índole, pero nosotros estamos unidos en perseguir la paz. Y eso es lo que hay que mostrar.

Hay mucha ignorancia en España sobre el judaísmo. ¿Tenemos todavía miedo los judíos de la diáspora de darnos a conocer como judíos y de mostrar nuestra cultura?

Claro que sí. Esta semana estuve en una reunión en la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona porque se organizan unas jornadas en las que vamos a hablar de la libertad religiosa en la vía pública. Y yo les dije: nosotros no hacemos cosas en la calle en nuestras fiestas por un tema de seguridad. No sabemos si es por paranoia nuestra o si hay realmente un problema. Después sales a la calle y haces alguna actividad y ves que la gente responde bien. Hay un cierto recelo en salir a la calle y mostrarse como judío y lo que pueda pasar. 

También es cierto que debido a que salí en la prensa por ser la primera rabina de España, mis vecinos, que no tenían ni idea de lo que hacía ni de lo que era ni nada, cuando los encontraba después de esa entrevista me decían: “oye, felicidades, que cultura más guay, no tenía ni idea, estamos muy orgullosos de tenerte de vecina”. Yo he puesto la mezuzá en el marco de la puerta por fuera, porque estaba por dentro por un tema de seguridad…

Como todos nosotros…

Claro, pero esta es mi mentalidad y me di cuenta de que mis vecinos estaban encantados y esto te hace pensar. Salir a la calle no es solo salir a la calle, es ir a entrevistas, ir a visitar iglesias cuando te llaman. 

Ahora mi próximo objetivo es poder entablar relaciones con comunidades islámicas, con mezquitas. La única experiencia que he tenido yendo a una mezquita fue hace años, hicimos unas jornadas sólo de mujeres porque la mezquita lo quiso así, y obviamente eso se respeta. Allí hablábamos de las cosas que teníamos en común en nuestra tradición, una mujer judía, una musulmana y una cristiana. 

El recuerdo más fuerte que tengo es de una señora mayor musulmana quien me ofreció té, (solo me querían dar de comer, esto es mucho de mamá judía y de mamá musulmana también) y me cogió de la cara y me dijo: “somos iguales, la gente se cree que somos enemigos, pero somos iguales. Estamos hartos de que nos relacionen con el conflicto, somos iguales.” Y la señora mayor y yo nos pusimos a llorar. En este tipo de encuentros, tienes otra visión del otro y no deberíamos permitir que se nos hagan enemigos. Hagamos cosas juntas.

Fue una experiencia increíble y quiero volver a retomar esto para demostrarle al mundo que no somos enemigos. Los conflictos territoriales igual tienen que ver con intereses políticos y de otra índole, pero nosotros estamos unidos en perseguir la paz. Y eso es lo que hay que mostrar.

Por circunstancias de la vida me encontré trabajando a diario con una señora muy católica y un chico musulmán. La señora católica se volvió a mi y me dijo: “yo soy católica, ¿tú eres católica?” Tenía recelo, pero tampoco iba a mentir. Y esta situación de trabajo se convirtió con el pasar del tiempo en el gran debate de las tres grandes religiones. Nos hicimos amigos y descubriendo en nuestras charlas que tenemos mucho más en común con los musulmanes que con los cristianos.

¿Cree que a lo mejor la proyección de miedo que hacemos está solo en nuestra cabeza?

Efectivamente, estoy totalmente de acuerdo. Por ejemplo, cuando busco a mi sobrina a la escuela, la mamá con la que siempre hablo es una musulmana de Marruecos. Siempre hablamos de que lo más importante es estar unidos y que nos ayudemos para conseguir la paz. Al principio hay recelo, pero tenemos muchas más cosas que nos unen que nos separan. Por eso hay que construir puentes, para ver qué es lo que nos une, en lugar de destruirlos. 

Pero lo que tu decías, no hay que tener ningún recelo, hay que salir a decirlo y te encuentras con muchas más cosas buenas que malas. Ante la duda prefiero jugármela siempre y me ha ido siempre bien. 

Con nuestros hermanos musulmanes es con quien mejor nos podemos entender en muchas cosas. Por lo tanto una manera de acabar con los prejuicios es mostrarnos tal como lo somos y nos vamos a llevar más sorpresas buenas que malas. 

Muchas gracias rabina Irene.

Gracias a ti Eva.

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