David E. Fishman: Contrabandistas de libros o La carrera por salvar los libros judíos de los Nazis

David E. Fishman
David E. Fishman

El libro" Contrabandistas de libros", del historiador David E. Fishman, se ha publicado recientemente en España por Ediciones la Tormenta.

Fishman es profesor de Historia en el Jewish Theological Seminary of America y especialista en historia de Europa del Este.
El libro narra la increíble historia de los habitantes del gueto de Vilna, que rescataron miles de libros y manuscritos, primero de los nazis y luego de los soviéticos. El libro incluye un prólogo para la edición española a cargo del reconocido sociólogo Alejandro Baer.

Para que nuestros lectores puedan conocerte mejor, cuéntanos por favor un poco sobre tí y sobre tu trayectoria profesional

Nací en Nueva York. Mis padres nacieron en Estados Unidos. Mis abuelos llegaron a América desde Europa del Este, procedentes de distintas regiones de esa parte de Europa.

Creo que algo importante para entender el libro es que mis padres me hablaban en yidish, no en inglés. Se enfadaban muchísimo conmigo si hablaba en inglés.

Crecimos en círculos en los que había muchos judíos que hablaban yidish y muchos judíos de Europa del Este. Todo ello despertó mi interés por convertirme en historiador de los judíos de Europa oriental. Me recuerda a mis abuelos. Me recuerda a las personas que conocí durante mi infancia.

En cuanto a mi trayectoria profesional, estudié la licenciatura en la Universidad Yeshivá, una universidad religiosa judía. Después cursé el máster y el doctorado en la Universidad de Harvard, en Boston, especializándome en estudios judíos y civilización judía.

Llevo muchos años dando clases, más de treinta, en el Jewish Theological Seminary, en Manhattan, justo al lado de la Universidad de Columbia.

Centrarse en quienes trataron de preservar la cultura judía frente al expolio no es el enfoque habitual de los libros divulgativos sobre la Shoá. ¿Qué te llevó a investigar este tema?

Diría que lo que me llevó a investigar este asunto fue una experiencia personal.

Hace mucho tiempo, hace casi cuarenta años, cuando la Unión Soviética comenzaba a abrirse bajo el mandato de Mijaíl Gorbachov, el Instituto YIVO, aquí en Nueva York, una institución dedicada al estudio del yidish y de las comunidades judías de Europa oriental, se puso en contacto conmigo. Me dijeron que habían descubierto montañas de libros y documentos judíos en un antiguo monasterio, una antigua iglesia, en Vilna, Lituania. Me preguntaron si podía acompañarlos para ver qué clase de materiales eran.

Así que viajé por primera vez a la Vilna soviética en junio de 1989. Seguía siendo la Unión Soviética, aunque las cosas se estaban relajando. Allí contemplé materiales extraordinarios, aquellas montañas de documentos y libros que llevaban décadas intactos en una iglesia.

Supongo que aquella experiencia, cuando yo era todavía un hombre joven, al encontrarme ante todo aquel material, despertó mi interés por averiguar cómo había terminado allí. ¿Cuál era la historia de aquellos libros y documentos? Diría que eso fue lo que me atrajo hacia el tema: una especie de enigma, si se quiere, un misterio. ¿Cómo podían acabar los libros judíos en un monasterio, en una iglesia?

Contrabanditas de libros, por D.E. Fisman, Ediciones de la Tormenta
Contrabanditas de libros, por D.E. Fisman, Ediciones de la Tormenta

Más de ochenta años después de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, y tras tantos años de esfuerzos por mantener viva la memoria de lo sucedido, ¿crees que existe el riesgo de que la gente llegue a pensar que ya se ha dicho todo lo que se podía decir sobre la Shoá?

No, sencillamente porque las perspectivas humanas cambian. Con el paso del tiempo, contemplamos los acontecimientos y nos planteamos preguntas diferentes. Y como nosotros cambiamos, también cambian las preguntas. Por ejemplo, hace poco se ha publicado un libro sobre la homosexualidad y los homosexuales en los guetos. Es un libro de investigación, un trabajo riguroso. Hace cuarenta o cincuenta años, a nadie se le habría ocurrido estudiar un tema así, pero ahora nos interesa. Por supuesto, la cuestión de las mujeres en el Holocausto despierta hoy mucho más interés que antes. Por eso, no creo que vaya a agotarse el interés por este acontecimiento histórico, de semejante magnitud. Creo que seguirá suscitando interés desde nuevos ángulos y nuevas perspectivas que ni siquiera hoy somos capaces de imaginar.

España es un país donde la Shoá puede percibirse a veces como algo relativamente lejano, ya que no la vivió directamente del mismo modo que muchos otros países europeos. ¿Por qué es importante también para España la literatura que da testimonio de lo sucedido?

Respondería, ante todo, que esta es una historia que debería interesar e importar a todos los seres humanos, estén donde estén en el mundo. Mi libro sobre los contrabandistas de libros se ha publicado también en japonés y en chino. El Holocausto tampoco tuvo lugar allí.

Pero creo que esta historia de heroísmo cultural, de personas que arriesgaban sus vidas cada día para salvar libros raros, manuscritos excepcionales y documentos históricos, para salvar toda una cultura que estaba siendo destruida, es una historia inspiradora. Y no lo es solamente para los judíos, ni únicamente para quienes viven en países donde el Holocausto se produjo directamente.

Hoy, en muchos países del mundo afectados por conflictos, los tesoros culturales también están en peligro. Pensemos, por ejemplo, en Ucrania, donde se han destruido numerosos libros y archivos. Por eso, creo que la cuestión del rescate de la cultura tiene una relevancia mucho más amplia que la del país concreto en el que sucedieron estos hechos.

La profundidad de la investigación hace que el lector sienta que está viviendo casi en primera persona los acontecimientos relacionados con la brigada del papel. ¿Cómo abordaste la investigación del libro? Resulta imposible leerlo sin admirarse de la magnitud de la documentación.

Estoy muy orgulloso de la investigación que llevé a cabo y del nivel de detalle al que pude llegar.

Mis fuentes fundamentales fueron los testimonios de los habitantes del gueto que rescataron aquellos libros. Tres sobrevivieron y escribieron sus memorias. Otros dos perecieron, fueron asesinados, pero habían escrito diarios en el gueto. Esos diarios se salvaron.

Así que, para empezar, disponía de los testimonios y relatos de cinco personas que habían participado directamente en aquellos acontecimientos.

Después, por supuesto, busqué documentos alemanes para completar la investigación, porque los alemanes supervisaban tanto la destrucción de libros judíos como su deportación a Alemania para ponerlos al servicio de la investigación académica nazi. Así, contaba con la perspectiva judía y con la perspectiva alemana. Para el periodo de posguerra, sobre el que también escribo bastante en el libro, recurrí a distintos archivos soviéticos. Así que sí, tienes razón: hay muchísimo trabajo de investigación detrás.

Pero quisiera subrayar algo: no me interesaba únicamente el destino de los libros y los documentos, sino también el de las personas que participaron en aquella operación, sus historias personales y, por supuesto, su decisión de arriesgar la vida por salvar libros y papeles. En ese sentido, es también una narración sobre el destino de cinco o seis habitantes del gueto, algunos de los cuales fueron asesinados y otros sobrevivieron.

Hoy, en muchos países del mundo afectados por conflictos, los tesoros culturales también están en peligro... creo que la cuestión del rescate de la cultura tiene una relevancia mucho más amplia que la del país concreto en el que sucedieron estos hechos.

Tengo la impresión de que el yidish es el tema extraoficial del libro: cómo una lengua judía llegó a institucionalizarse y cómo se transmitió desde las instituciones judías hasta la propia población. Desde nuestra perspectiva sefardí, esto resulta muy significativo, porque no ocurrió nada parecido con el ladino.

Es una observación muy interesante.  Probablemente sea cierto. Pienso que el apego de muchos judíos de Europa oriental al yidish era mucho más fuerte que el de muchos judíos sefardíes al ladino. Me refiero, naturalmente, al siglo XX. El yidish se convirtió, creo —y aquí debo ser prudente, porque no soy especialista en ladino—, en una lengua de cultura secular moderna, de poesía, de literatura, de teatro y de movimientos políticos.

Así que sí, no quiero generalizar, pero diría que una gran parte de los judíos de Europa oriental se sentía profundamente vinculada al yidish. Y esto tiene que ver también con la forma en que se concebían a sí mismos. En Europa oriental, los judíos se consideraban un pueblo, casi una nación, y no solamente una religión.

La religión formaba parte de su cultura, pero se veían como un pueblo con una historia, una cultura y una lengua, o incluso dos lenguas, si pensamos en el hebreo y el yidish. Por eso, en Europa oriental, el yidish se convirtió en una señal y hasta en un símbolo de la nacionalidad judía.

Estaban los polacos, los ucranianos, los rusos, los lituanos, y los judíos eran otro pueblo más entre los pueblos de Europa oriental. De ese modo, el yidish adquirió una importancia fundamental.

Y llegamos a la última pregunta, que es obligada. ¿Cuál es tu próximo proyecto?

En relación con este tema, estoy trabajando en…  Tengo dos proyectos, pero te hablaré de uno. Acabo de terminar, no una novela propia, sino la traducción de una novela del yidish titulada Mujeres del gueto (Women of the Ghetto). Es una novela en yidish escrita por un autor de esa misma ciudad, Vilna, Vilnius, y cuenta la historia de cinco o seis mujeres que estuvieron en el gueto.

La novela es completamente desconocida y ha caído en el olvido porque el autor nunca llegó a publicarla como libro. La publicó en 1961 en un periódico, por entregas semanales, como se hacía mucho en aquella época. Es una novela fantástica. Cada mujer tiene una historia diferente.

Por lo general, sus maridos habían huido antes de la llegada de los alemanes o habían sido asesinados. La novela trata, sobre todo, de los intentos de reconstruir la vida después de la guerra.

Por ejemplo, si te han matado a un hijo, como le ocurre a una de las mujeres, ¿puedes volver a quedarte embarazada? ¿Quieres tener otro hijo o no? Y si un cristiano te ha salvado la vida, ¿deberías casarte con él o no? Son muchos los dilemas personales que plantea.

He traducido la novela y he escrito un ensayo introductorio. Así que, diría que este proyecto constituye una continuación, o algo muy estrechamente relacionado con mi trabajo anterior: la misma ciudad, el mismo entorno y, en líneas generales, el mismo periodo histórico, pero abordados desde una perspectiva completamente diferente, la de un escritor.

En general, otro tema que me interesa mucho ahora es precisamente ese periodo de posguerra. No tanto el Holocausto en sí, sino la vida de quienes sobrevivieron: ¿cómo reconstruyeron sus vidas en Vilna? Muchos decidieron marcharse, por supuesto, pero otros optaron por quedarse. Esta cuestión de las consecuencias de la guerra y de la reconstrucción de la vida es un tema que me interesa muchísimo y lo seguiré explorando.

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